Soy una montaña rusa de sensaciones...
Cada día una nueva sensación… a cada momento
Cuando me dejó sentí tristeza, un poco porque sentía que se caía el castillo de cartas que había construido con esmero, otro poco por sentir que había perdido tiempo…
Después vino la bronca, la bronca por las peleas perdidas, por ver como se iba.
De repente vino una extraña sensación de alivio…
Y claro, llegó la culpa por el alivio, por no saber como manejar toda la situación.
Más tarde llegó la NECESIDAD de libertad, de sentirme yo otra vez, de ser feliz…
Esa necesidad me paseó por sensaciones lindas y algunas no tan lindas.
Y otra vez el alivio, porque sabía que había hecho todo lo posible, que nunca había dejado de remar, que lo había intentado todo, pero que ya no valía la pena.
La tristeza siguió viniendo a mi… de a ratos, un poco cada día, la fui espantando de a pedazos.
Traté de volver a ser yo. Como pude, a veces erróneamente. Pero me busque por todos lados.
Quise odiarlo, no pude, el tiempo que pasamos fue demasiado bueno como para odiarlo.
Busqué razones, motivos, repasé la historia mil veces.
De nada sirvió, cuando no tenés respuestas, lo único que conseguís son demasiadas preguntas.
Duele, mierda que duele, duele todo, el corazón, el orgullo, el amor propio.
Estaba la necesidad de sanidad mental, (fue lo único que me mantuvo en eje), pero era eso, responder a necesidades.
Busque paz. Y creo haberla encontrado, al menos hasta que la montaña rusa de un giro inesperado… (el momento es AHORA).
La felicidad está ahí, dando vueltas, no hubiera podido sola, lo tengo claro, la gente a mi alrededor fue fundamental, fue pilar, fue abrazo, fue caricia, fue cariño eterno.
La cabeza sigue dando demasiadas vueltas, como una calesita. Pero soy yo. Y de última, es lo único que cuenta. Yo y todas mis cosas. Sola, pero yo. Rearmándome de a poco. Cansada de llorar por causas perdidas.
